
madurez y ancianidad, entonces para los niños –que están descubriendo el mundo- resulta tener igual o mayor importancia.
Más allá de que la música sea un elemento primordial en el desarrollo social del ser humano, así como una forma de expresión artística (razones que bastarían para darle un sitio privilegiado en la educación del infante), se ha descubierto que el simple hecho de escucharla influye directamente sobre los procesos de aprendizaje en otras áreas del cerebro.
Además de ser divertida, la música “mejora el desarrollo cerebral y, aún más, mejora las habilidades […] como la lectura y las matemáticas” (Winberger, 1998).
Esto la convierte en una herramienta que debería ser utilizada constantemente por los maestros de preescolar, a fin de garantizar el éxito presente y futuro de los alumnos.
Otro de los muchos beneficios de la música es la adquisición del lenguaje (Hanshumaker, en: Winberger, 1998). Para comprender esto, ni siquiera es necesario conocer el funcionamiento del cerebro; basta con pensar que el ser humano aprende a comunicarse con los demás a través de las primeras coplas y

Para ello, no es preciso que un maestro de preescolar domine la teoría musical, sepa tocar un instrumento o tenga habilidades extraordinarias. No estamos hablando de “conocer” la música, sino de “vivirla”, a fin de que se convierta en un elemento imprescindible en el proceso de enseñanza-aprendizaje. De tal modo, el
maestro de preescolar debe ser creativo y buscar maneras de incluir la música como una disciplina combinada con las distintas áreas de trabajo de sus alumnos. Esto, a su vez, alimentará la propia creatividad de los alumnos y los llevará a tener una mejor interacción con los demás.

Esto quiere decir que la música no es solamente un producto cultural o artístico, sino un elemento presente en nuestra información biológica. Por ello, su importancia en los procesos de aprendizaje y su presencia constante en nuestros recuerdos y vivencias. De hecho, otro efecto positivo de la música en el aprendizaje
es que ayuda a la memoria. Cuántos niños han aprendido el alfabeto a través de una canción, cuántos recuerdan nombres de planetas, ciudades y países gracias a la musicalización de dichos contenidos.
Y si nos preguntamos por qué esta dualidad de melodía y lenguaje funciona tan bien, observemos el hecho de que “el hemisferio derecho del cerebro procesa la melodía, y el hemisferio izquierdo procesa el lenguaje” ( Weinberger,1998), pero la clave del asunto está en que el cerebro concede igual importancia a las dos
funciones.
Por ello, si los niños nacen ya con esta predisposición a la música, sus padres y maestros deben reforzarla constantemente, a fin de que los procesos cognitivos sean cada vez más eficientes. Sin embargo, lo cognoscitivo no constituye la totalidad del ser humano. Ya se dijo anteriormente que la música favorece conductas sociales positivas y, a partir de ello, resulta de gran interés incursionar en los beneficios que
la música aporta en este campo.


la escuela sino también en la vida.
Hemsy señala que la música “es un lenguaje y, como tal, puede expresar impresiones, sentimientos, estados de ánimo”, y Porcher la considera una “fuente inagotable de estímulos, equilibrio y dicha para la personalidad del niño” (http://cindisi.human.ula.ve).
Si ponemos tanto énfasis en el aprendizaje del lenguaje matemático o verbal, ¿por qué no hacer lo mismo con el lenguaje musical? Más aún, si se presenta de manera natural e intrínseca.
Por último, no debemos olvidar los beneficios que aporta la música en cuanto a la relajación de los niños. Esta es una experiencia que, seguramente, muchos hemos experimentado con nuestros alumnos e hijos. Cristina Gallego García afirma que, utilizando música clásica de fondo (cada maestro puede escogerla a su gusto, siempre y cuando la considere adecuada para lograr un estado de calma), los niños pueden relajarse en tres momentos:
- Fase de contracción mental (imaginar con ayuda de la música algo que invite a la serenidad).
- Fase de trabajo de distensión neuro – muscular.
- Fase de regreso. (www.filomusica.com)
De este modo, los niños, ya sea recostados o sentados, dejarán fluir su imaginación, soltarán sus músculos –de manera que no haya tensión en ellos- y después de unos minutos de relajación, volverán a moverlos lentamente para regresar a su estado normal de actividad.
Así, hemos ofrecido una visión global de la importancia de la música durante la etapa preescolar, la misma que puede y debe prolongarse durante las etapas posteriores del aprendizaje, pues “hacer música parece ser el ejercicio más extenso y completo para las neuronas” (Winberger, 1998).
Basta con escuchar o entonar canciones populares y sencillas, enseñárselas a nuestros alumnos, motivarlos a que las compartan con los demás, y estaremos formando individuos integrales, capaces de superar positivamente los retos en otras áreas del conocimiento. La etapa preescolar es el mejor momento para que los niños aprendan a jugar de verdad. Así, no dejarán de hacerlo nunca.
Fuentes consultadas:
Gallego García, Cristina Isabel. La relajación del niño a través de la música. Revista
mensual de publicación en Internet. Número 16 – Mayo 2001:
http://www.filomusica.com/filo16/nino.html.
Acceso: Julio 3, 2007.
Guerrero Sandoval, Juan Antonio. La formación artística y pedagógica de de l@s
futur@s maestr@s de preescolar. Internet:
http://www.aulamusical.com/datos/pages/la-formacion-artistica.html. Acceso: Julio
3, 2007.
La educación y la música. Internet: http://cindisi.human.ula.ve/dalcroze/. Acceso:
Julio 3, 2007.
Weinberger, Norman, Dr. La Música en Nuestra Mente. Educational Leadership Vol.
56 No. 3, 1998.
Autora: Marialuz Albuja Bayas (para Plan Amanecer)
Fuente: Proyecto Plan Amanecer
No hay comentarios:
Publicar un comentario